María, abrázame como lo hiciste con Jesús. Acércame a tu pecho, guárdame en tu regazo, consólame, hazme sentir tu latido, tu susurro, tu calor; me pongo ante ti, quiero que te sientas orgullosa de mi. No soy digno de ser liberado ante las dificultades de las cruces que nos creamos pero ayúdame a hacer la voluntad del Cielo. Hazme ser como tú, a actuar como tú ante cualquier situación.
Señor, que mi único pecado sea la ambición y el deseo ajeno de ser como tú y desear la capacidad y dones con que puedes sellar a cada uno de quienes me rodean.