RENACER como un niño.
Señor, espíritu divino que me mueve y transforma. A lo largo de mi existencia. Señor diriges mis pasos y mi vida. Busco explicaciones lógicas cuando mi entendimiento limitado por mi propia naturaleza borrosa no puede darlas. Mi espíritu está preparándose y mudando para renacer, entonces quizás lo entienda. Cómo, de bebé, entender el separarme de la placenta. Abandonar lo que ha estado en contacto conmigo; y en ella, haber escuchado y sentido la voz y los latidos de mi madre y de mi padre. Esta parte que de presencia física que sentimos al tiempo mi madre y yo, me proporcionaba todo lo necesario. Sin embargo ya la he desechado. En este modo de iniciarnos en la vida terrena nos muestras y ejemplificas el ciclo que se repite. Inspiras en mí respuestas como el que mi espíritu y el tuyo están unidos en el alma. Únicamente Tú lo sabes, Señor, cuándo estará madura o completa para llevarme. Cuándo abandonaré parte de mi cuerpo, como ya lo hice con la
placenta. Mi cuerpo que al haber sido imagen de mi alma quedará sin su aliento y abandonado desaparecerá. Cuál y cómo será entonces mi estado al que pasaré. Qué confusión creas en nosotros al esperar esa maravilla oculta. Ahora podemos sentirte como sentíamos en el vientre de nuestra madre, el pulso, la temperatura, el tono de las voces de mis padres y de quienes nos querían y de de quienes nos detestaban. A igual que entonces has creado tu Iglesia como seno donde nos proteges y nos hablas, y sentimos tu pulso y el de tu madre. Aquí nos preparas para nacer. Si aquí nos bautizaste en el agua, espero el bautizo en tu luz. Guíame, que se haga en mí según tu palabra. Gracias por permitir que me haga niño, que me haga inocente, para poder estar junto a ti. Haz que mi corazón sea así, limpio y sin maldad. Que mis niñerías y mis errores sean medidos por ti, a tu imagen y semejanza y no por lo que nos imponemos como imagen y semejanza de las llamadas personas adultas que no son más que cargas de pecados creados por nosotros mismos. Perdóname y no permitas que mi corazón se llene de ninguna maldad que juzgue insignificante.